Sentir

¿Se puede disfrutar de algo desde los ojos de otra persona?

Ocho meses han pasado desde que escribí por última vez en el blog. Un tiempo en el que han pasado muchas cosas en la vida de esta pescadora. Muchas y buenas; muchas que se resumen en una persona.

Ocho meses en los que sí ha habido pesca, claro que sí, pero menos que otros años.

Comenzamos la temporada con un viaje al río Ter, Anglés, a finales de marzo y disfrutamos como niños. Yo le puse menos interés a la pesca, quizás porque tenía la cabeza en Cuenca, pero disfruté del río, de la compañía y, sobre todo, de ver a mi padre meter a la sacadera aquellas truchas enormes y aguantar la batalla que ofrecían.

Quien tuvo… y a mi padre le queda mucho que enseñarme, dentro y fuera del río.

Después de eso apenas he salido cinco o seis veces. Jornadas cortas pero especiales, no por el sitio sino por la compañía.

Porque la pesca es sentir, y si, además, puedes hacer sentir a otro te das cuenta de lo que supone este deporte. Y sí, si es posible volver a disfrutar desde los ojos de otra persona, porque cuando estás dentro del río con ella observándote sin quitar ojo ni un segundo, vuelves a sentir que la pesca, en especial la pesca con mosca, tiene algo singular.

El último día fue el más especial. Esos ojos que miraban desde la orilla otras veces y esa sonrisa que se dibujaba con cada intercambio de miradas, se atrevieron a enfundarse el vadeador y avanzar río arriba a mi lado.

Ya lo había hecho una o dos veces antes, pero esta vez cogió la caña, lanzó como si no fuese algo nuevo para ella y clavó dos truchas.

Difícil expresar con palabras esos momentos. Momentos bonitos que te hacen entender que la pasión por algo puede manifestarse de muchas formas, una de ellas, enseñando o compartiendo tu afición.

Y es que la vida es compartir; una comida a las siete de la tarde, unas pipas durante un paseo, una serie en el sofá o tu afición por la pesca. Y compartiendo sabe mejor, aunque sean momento tan cortos.

Así que la respuesta a la pregunta del principio es que sí, que cuando alguien te mira y admira lo que haces vuelves a disfrutar y ser parte de ello. Más aún si logras hacer sentir a esa persona lo que se experimenta cuando estás en el río. Porque la vida son sentimientos, y cuando descubres lo que esconden, te pueden hacer vivir de verdad.

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