Pasión

La semana pasada un amigo me preguntaba -hace mucho que no vas a pescar, ¿no tienes ganas?-. La respuesta la tenía clara, tanto que me asusta; no, no tengo ganas, esas que deberían aflorar después de cuatro meses sin tocar una caña y a poco más de un mes para que dé comienzo una nueva temporada.

Seguro que si os pregunto a muchos de vosotros la respuesta es totalmente opuesta. Es más, seguro que muchos habéis aprovechado cualquier rato libre este invierno para salir de pesca.

Precisamente, esa misma semana discutía con un compañero sobre qué es sentir pasión por algo. Desde mi punto de vista, sentir pasión por algo es dedicarle tiempo, que se te revuelva el estómago cuando piensas en ello y te genere mucha ilusión. Que cuentes el tiempo que falta para volver a disfrutar de ello y la espera se te haga eterna. Que las ganas puedan a todo lo demás.

¿Tú cómo lo definirías?

Aquí he hablado muchas veces de pasión por la pesca, la mía, pero… o algo ha cambiado en estos últimos meses o no estaba utilizando la palabra correcta para describir lo que la pesca supone para mí.

Podría decir que tengo pasión por muy pocas cosas y si me paro a pensar quizás sean más los momentos y las personas que la pasión hacia algo. Me gusta el pádel pero aún más compartir esa hora y media de partido con los amigos; me gusta el chocolate, pero sabe mejor con dos cucharas, un poco de calorcito y una serie de fondo (como excusa); me gusta reír, pero más la gente que lo provoca y hace que se te olvide el pijama y la tranquilidad de estar en casa. Momentos y personas, da igual si es pescando, jugando al bádminton o comiendo tarta de cookies.

Y si me paro a pensar no creo que la pesca sea mi pasión; me gusta estar bien, a gusto, serena y segura con la gente que me rodea. Por eso la pesca ha sido siempre una de mis mayores aficiones, porque la he practicado en familia, porque me hace sentir en paz, disfrutar del silencio de otra manera y desconectar la mente por un rato. Me hace sentir bien, la practico en algún rato libre pero creo que la podría cambiar por otro deporte o actividad que me transmitiese sensaciones similares. Y, algo por lo que sientes pasión no lo cambias por nada, le buscas tiempo de donde sea.

Me cuesta buscarle tiempo, pensarla y pensarme pescando; hace un año hablaba de la pasión por la pesca, de lo largo que se hace el invierno, del tiempo delante del torno… Y ahora siento que eso ha cambiado.

La disfruto, claro que sí, pero a mí manera, sin ansias, sin prisas, sin necesidad de alardear de capturas, con un par de horas en el río, aprendiendo, observando y no siendo la que tenga que demostrar lo que sabe, que es poco. Si por algo dejé la competición es porque se aleja de todo esto, porque no me gustan tantas tecnicidades, porque me generaba más ansiedad que bienestar y pese a ello pude entrar en la alta competición, sin tener ni idea de pesca con mosca.

Y ahora siento que vivo una situación parecida, que no sale de mi cabeza, en medio de esta crisis sentimental hacia la pesca, en la que solo veo un cielo lleno de nubes aunque otros me prometan que “no están ahí cuando subes y solo tienes que volar sin miedo a cómo aterrizar”.

Tecnicidad y pasión, se puede ser un apasionado de algo sin ser técnico, más difícil es adquirir tecnicidad en algo que no te apasiona, a lo que no le dedicas tiempo. Entonces, ¿se puede ser referente de un deporte sin ser técnico ni apasionado?

3 pensamientos en “Pasión

  1. Gran post. Puedo entender esa sensación. Nunca he sentido la pesca sin pasión, pero siempre he procurado marcar yo los tiempos. Decidir cuando salir, donde y con quien, o simplemente sólo. Creo que es cuestión de encontrar el equilibrio entre todas las cosas que te llenan en la vida, familia, amigos, hobbys… Mucho ánimo y espero que no dejes de pescar nunca! 😘

  2. Me uno a la felicitación del compañero, gran artículo de auto-reflexión. Yo pienso que no se debe ser un referente para disfrutar, es mas, el querer serlo puede que consiga que pierdas ese gusanillo que tenías hasta este invierno. Te lo dice un clásico que a día de hoy no ha tocado una caña de cola de rata y dejé durante varios años la pesca, ahora a los 38 disfruto de otro modo pescando en familia con los niñ@s disfrutando de este arte y a la vez enseñando un legado y ell@s aprendiéndolo.
    Nos vemos en los rios. 😉

  3. Te diré, Estefanía, que a mí me ha ocurrido exactamente lo mismo que a tí varias veces a lo largo de mi vida.

    Empecé a pescar antes de hacer la Primera Comunión, junto al río Arlanzón, prácticamente a las puertas de mi casa en Burgos, ciudad en la que viví de niño.
    Recuerdo que pescaba con una vara de mimbre que me tuneaba, a modo de caña, una tía mía y usando al principio alfileres dobladas para sacar algún barbito o alguna voga. Incluso tengo, aún hoy, grabada en mi cabeza la vez que conseguí, sin pretenderlo, sacar así mi primera trucha; ¡menuda experiencia tan maravillosa!.

    Ahora, a mis sesenta y siete años, y tras toda una vida pescando casi por medio mundo, truchas y finalmente también salmones, he decidido -y creo que ya es la hora de hacerlo- olvidar ponerle ese adjetivo calificativo de «apasionada» a mi vida de pescador; pescador con mosca ya desde mi juventud.

    ¿Cuál es la razón o cuáles son las razones por las que vamos, incluso sin esas ansias que evocas, a ponernos a la orilla de un río y a montar nuestra caña para empezar a intentar realizarnos como pescadores?. Pues aún hoy no lo sé, en realidad.
    Pero tras más de un viaje de pesca de esos de absoluto fracaso, jurándome no volver jamás allí, he vuelto. Aún a sabiendas de que podría ocurrirme lo mismo. Y me ha ocurrido. Y duele mucho, especialmente en los años en los que empiezas a sentir que te quedan menos para seguir pescando. Esos años en los que ya se aguantan peor las horas dentro de un avión y las largas esperas en los aeropuertos; en los que ya no entras con tanta seguridad en según qué aguas y empiezas a sentir la necesidad de llevar contigo un bastón de vadeo como compañero.

    Y acabadas machacándote las meninges y diciéndote. «Eres un cretino absoluto. Llevas dos años seguidos yendo al mismo río, un excelente río y te vuelves, nuevamente derrotado y hastiado de tí mismo. Desházte de todo tu material de pesca, regálalo o malvéndelo y dedícate a otra cosa, que esto te ha costado, además, un pastizal…. y no aprendes».
    Y ahora, querida Estefanía, aquí me tienes; una vez más, planeando un nuevo viaje de pesca, cierto que sin la ilusión de antaño -¡faltaría más, tras lo confesado!-, pero
    planeando, finalmente, otra salida y quién sabe si otro nuevo fracaso, pese a que
    soy en el fondo de mi alma un empedernido optimista.

    No estoy capacitado para responder a tus preguntas sobre tecnicidad y pasión. Nunca, aunque respeto todas las opiniones, he entendido la pesca como una competencia con nadie, salvo con uno mismo y con los peces, pero te ruego permitas que te diga que no es necesario en absoluto ser un referente de algo en esta vida para disfrutar de ello. Y, en ocasiones, en mi humilde opinión, una excesiva atención a la técnica puede hacer que se pierda sensibilidad, capacidad de emoción, precisamente por esa misma obsesión por la primera.
    Por las fotografías aprecio que eres una mujer joven, quizá de la edad de mi hija y solamente me atrevo a decirte que disfrutes a tope y mientras puedas de aquello que te guste. En compañía o en solitario – yo he disfrutado muchísimo de la pesca
    en muchos viajes que, por circunstancias, he realizado solo en mis últimos veintitantos años-. Eso es lo que vale, lo que se queda en el recuerdo de uno para siempre, y se recrea en la memoria y te hace ser más feliz.

    ¿Pasión?: No. ¿Afición?: Sí, y por cierto preciosa, a pesar de algunos sinsabores.
    Y en mi caso concreto….. y en el de muchos como yo, puro masoquismo también.
    Así es como yo lo entiendo, aunque como antes dije, mi respeto total a otras opiniones distintas.

    Quizá dentro de algún tiempo vuelvas a sentir nuevamente ese cosquilleo en el estómago que te empuje a priorizar la pesca con mosca sobre otras aficiones actuales.
    Como pescador durante más de sesenta años, te lo deseo de corazón.

    Un fuerte abrazo.

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