La pesca es…

Medio otoño y un invierno esperando, compartiendo con otros apasionados de la pesca las ganas de empezar una nueva temporada. Las ganas y el temor a no saber qué pasará, la impotencia de no poder hacer nada ante el deseo de algunos grupos políticos de prohibir la pesca. Un deseo que si lo invirtiesen en lo contrario, en preocuparse por nuestros ríos, por una gestión responsable de los espacios de pesca y todo lo que ello conlleva harían de España un paraíso para pescadores de todo el mundo.

Tenemos todo lo necesario pero hace falta gente que lo sepa gestionar; y desde los despachos, con traje y entre almuerzo y cigarro eso no es posible.

Pero a lo que íbamos. Cuando la espera acabó, hace ya un mes, el invierno se empeñó en quedarse un poco más, en no dejar que la primavera nos acompañase los primeros días aunque los árboles en flor de la ciudad nos dejasen estampas para fotografiar.

Ríos desbordados, pescadores resignados, pero buscando siempre el lado bueno, y es que, al menos, este año los ríos y pantanos tendrán agua (más y mejor repartida si alguien tomase la determinación de iniciar las obras de un transvase que evitase la pérdida del agua del Ebro mientras otras zonas regalamos el agua que no tenemos).

Un mes ya del inicio de temporada, esa que recibimos sentados delante del torno. Ese torno al que todavía sigo pegada, pero he de reconocer que este año me ha cundido bastante.

Ese inicio tan ansiado que amenizábamos con vídeos de paraísos de la pesca en otros países, de truchas comiendo mosca o clavadas a cámara lenta. Y todavía hoy, 1 de mayo, sigo en esa espera viendo cómo otros compañeros ya se han recorrido media España caña en mano.

No me gusta, me preocupa, me hace plantearme cosas, teniendo la responsabilidad que tengo y un trabajo principalmente vinculado a la pesca. Pero es en esa espera cuando vuelvo a darme cuenta de lo especial que es esta afición.

Que hay veces que ese cosquilleo en la tripa lo mismo lo puedes sentir en la orilla del río, en una charla con amigos en Decathlon, en la silla de tu habitación dando forma a cientos de moscas o hablando por WhatsApp con personas con las que no has cruzado más de 50 palabras frente a frente pero te hacen soñar con viajes fascinantes.

Perderte y volverte a encontrar

Y al final, eso es la pesca.

Imaginar la picada con la mosca que estás terminando de barnizar.

Olvidar “este mundo de locos donde no somos pocos los que pensamos que no pertenecemos a él”.

Soñar despierto con el viaje que harás en agosto o lo que se tiene que sentir sacando un siluro.

E ilusionarte, con cada vídeo, con cada plan que te proponen desde Tudela, con la pesca desde el pato o el primer día de pesca después de medio otoño, un invierno y parte de la primavera esperando.

Ya lo dijo Henry Wotton, la pesca es:

Un descanso para la mente, una alegría para el espíritu, una distracción para la tristeza, un calmante para los pensamientos inquietos, un moderador de pasiones, una fuente de satisfacción que engendra hábitos de paz y paciencia en todo aquel que la profesa y la practica.

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3 pensamientos en “La pesca es…

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