Un bonito recuerdo

Siempre es bonito que alguien que no conoces o que solo has visto una vez, te recuerde por algo que hiciste bien en el pasado. Te hace sentir bien, recordar buenos momentos y por qué no, sentirte orgullosa.

Y, es que, hace un mes, aproximadamente, un grupo de tres forestales se acercaron a mí mientras estaba ayudando a repoblar un coto. Al principio se extrañaron de ver una mujer por esos lugares y, más, haciendo lo que estaba haciendo. Pero pronto uno de ellos se dio cuenta de que me conocía; me había visto una vez antes y se acordaba de mí. Se me presentó y comentó de qué me conocía y me recordó una de las experiencias que no olvidaré nunca.

Aquel momento inolvidable se produjo en el año 2005 y fue la grabación de un programa de pesca para Jara y Sedal junto a Lorenzo Milá.

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No sé cómo ni por qué me eligieron a mí para la grabación de un programa tan especial. No solo especial por tener como protagonista a Lorenzo Milá, también porque era un programa en el que se hacía un homenaje con motivo del centenario del nacimiento de Lauri Rapala, hombre que revolucionó el mundo y la historia de la pesca con la invención del señuelo que lleva su mismo nombre: el rapala.

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En aquellos momentos yo era una simple aficionada a la pesca, sin mucha idea de técnicas de pesca, salvo la cucharilla y el “cebo” (masilla y gusano). Pero decidieron que fuese yo la que acompañara a Lorenzo, uno de los regalos más especiales que me podían hacer. Quizás en aquel momento no lo supe apreciar y, más que un regalo, me parecía un “suplicio” porque yo era muy vergonzosa, y solo con pensar que tenía que ponerme delante de una cámara me temblaban las piernas. Sin embargo, cuando todo acabó y, después, con el paso de los años, cada vez que recuerdo aquel día me sale una sonrisa en la cara y solo tengo buenos recuerdos.

La grabación estaba prevista para abril, pero como un periodista es periodista las 24 horas del día, Lorenzo tuvo que cubrir la muerte del Papa Juan Pablo II. Así que se aplazó hasta el mes de junio, y allí que fuimos.

El día exacto seguramente no lo recordemos ninguno, pero el calor que hizo aquel día no se nos olvidará jamás.

¿El lugar? El coto “La Sartenilla”, en el río Guadiela, que presentaba un aspecto inmejorable para la ocasión, aunque a mitad de la grabación el caudal comenzó a aumentar y tuvimos que darnos un poco de prisa, porque el Guadiela es mucho río y en cuanto sube el agua se hace muy difícil la pesca e imposible el vadeo.

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Una vez que se hicieron las presentaciones y nos explicaron cómo iba aquello empezó la grabación. Lorenzo, los cámaras y yo, nos enfundamos el vadeador y al río. Yo era la primera vez que me metía en uno de esos trajes y la experiencia no fue muy buena, ya que el vadeador era una o dos tallas más pequeño y apenas podía moverme.

Recuerdo la primera escena. Un encuentro casual entre Lorenzo y yo. Él aparece solo, pescando dentro del río al rapala y en esas aparezco yo. Lo saludo, intercambiamos varias palabras y él me pregunta si conozco el rapala. Claro que lo conocía ¡qué pescador no conoce al famoso rapala! Pero el guión manda, así que le respondí que no lo conocía, y a partir de ahí emprendimos una jornada de pesca los dos juntos.

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La mañana empezó bien, tocamos bastantes truchas y pudimos sacar varias, pero el calor era muy intenso y el agua comenzaba a subir, así que paramos, nos sentamos en la orilla del río y grabamos la escena en la que Lorenzo explicaba la historia de Lauri Rapala. Tras ello, y ya por la tarde, volvimos al agua. Las truchas estaban “duras” pero pudimos dar con unas cuantas y grabar unas escenas preciosas.

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El resultado final fue maravilloso. Mientras estás grabando escena a escena, la composición final se hace difícil de imaginar, pero el programa fue fantástico, en especial el cierre, la despedida.

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De aquella experiencia me quedo con el trato dado por parte de todo el equipo de Jara y Sedal y, sobre todo, de Lorenzo Milá que me trató como si me conociera de toda la vida, derrochó cariño, amabilidad y simpatía, y me enseñó y ayudó en todo momento. Y, no me puedo olvidar del ya fallecido Rafael del Pozo, que tanto y tan bueno ha hecho en el mundo de la pesca, y al que ya conocía de cuando me dio la oportunidad de grabar años antes otro reportaje junto a mis primos y mi tío, otra experiencia difícil de olvidar.

Ahora espero que algún día podamos repetir aquella experiencia, con cámaras o sin ellas, porque compartir un día de pesca con alguien que disfruta la pesca como Lorenzo es algo muy especial. Pero en esta ocasión con una técnica totalmente diferente, la pesca con mosca, de la que Milá es todo un experto y seguro que la disfrutaríamos más aún que aquel día inolvidable.

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